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Palabras de Omar George en
la presentación del libro de Luis Sexto
Por
Omar George Carpi
Hubiera
querido disponer de más tiempo para lo que voy a hacer. Pero
Luis no me dejó. Apenas ayer tarde, aprovechándose de ese
estado de indefensión en que nos deja el reencuentro con una
persona querida, el autor me pidió que presentara su libro
“Con Luz en la ventana”.
No me dejó otra
alternativa que recurrir al siempre disponible recurso de la
madrugada, para leer los cincuenta poemas que integran esta
obra.
Lo que acabo de
decir no debe tomarse, por supuesto, como una receta de
lectura. Poco favor le haría a la promoción de un libro si
recomendara su consulta como primer ejercicio matutino.
Sólo quiero
trasmitirles la emoción que me produjo hacerlo en la asepsia
de un horario en que uno suele quedarse a solas con sus
propios ruidos.
Quizás el
momento que encontré para la urgente lectura a la que Luis me
obligó, me predispuso para comprender mejor su propuesta: los
cambios de vivencias traumáticas, a veces extremas, pueden
provocar en el mapa espiritual de un hombre.
Maestro del
estilo, como es, Luis va dejando en cada poema una motivación
para búsqueda del siguiente. Y se las ingenia para hacer de
esta zaga una aventura intelectual, y de cada nuevo
hallazgo, una sorpresa que nos gratifica.
Ya los primeros
ruidos matinales matizaban mis últimas evocaciones, cuando
descubrí al periodista, no precisamente preferido, pero sí
estratégicamente oculto en el oficio de poeta.
Percibí que el
dominio de técnicas y recursos de expresión confluían con
mucho mayor desenfado en el epigrama, el genero poético quizás
más cercano al periodismo por el nivel de precisión, la
agudeza y el impacto del pensamiento tropológico que lo
caracteriza.
Creo que uno de
estos epigramas bien me pudiera servir para dar por concluida
mi encomienda:
Cuando todos
hayan olvidado
El nombre de los muertos,
Y el nombre de cuantos prometieron
Jamás olvidar a los muertos
También
Me habrán
Olvidado
A mí
Pero insisto:
Quizás en este poema
Haya una póliza de inmortalidad
De eso no te quepa dudas, Luis. Al menos ya yo
te extendí la mía.
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