Como si el prodigio de la década de 1960 ciñera a quienes nacimos en su albores, a tal generación de las provincias centrales de Cuba, unida en la inmensa beca de la Escuela Vocacional “Ernesto Ché Guevara” nos signó la confraternidad.
Quienes pertenecemos a la graduación de 1979, comenzamos a celebrar los veinte años del egreso, en fiestas simultáneas de Cienfuegos, Sancti Spíritus y Villa Clara y la euforia del reencuentro ha devenido cita recurrente, alegoría a los recuerdos.
Perduran memorias a 33 años del término del grado doce: las maldades, las amistades entrañables, los primeros amores, hasta las primeras bocanadas de humo en las literas, los deseos del pase cada semana.
¿Pero qué perdura? ¿Qué halo embriaga aún a los cincuentenarios? La magia de los sentimientos limpios, la transparencia generacional de los otrora jóvenes y todavía fieles al inculcado sentido del deber.
Asiste a estas reuniones un colectivo mayoritariamente profesional, pero heterogéneo con un denominador común, la entrega a los bellos sueños. La
cohorte de maletas de madera y zapatos kikos aguarda por siempre la familiaridad interdiscípulos.
En la “Guevara” durante 1979, un cartel indicaba la existencia de 3 500 alumnos, en dos unidades: Secundaria y Preuniversitario y en esa ocasión egresaron diecinueve grupos de grado doce.
Hoy muchos no recuerdan los nombres de cada compañero, pero basta invocar una anécdota y afloran las vivencias, el cariño de la concordia, la secreta complicidad de la convivencia por muchos años.
Y qué decir de los profesores, aquellos incólumes ante la multitud , impasibles en sus bien encaminadas enseñanzas , como el director Luis Caballero, participante asiduo de estas actividades.
La fiesta de este domingo 24 de marzo en el club Somos Jóvenes, de Santa Clara fue otro aliento de vida para los participantes, nuestros parabienes a esa suerte de cofradía de ternura y los deseos de que por siempre perdure.
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