Y con las indicaciones del principito, dibujé el planeta en cuestión.”
Antoine de Saint Exupery
Anabel no ha perdido su sonrisa. Su gesto despeja posibles oscuridades de incógnitos caminos, que la trajeron en septiembre hasta la sala de hematología del hospital pediátrico “Paquito González Cueto”, de Cienfuegos.
Dos factores son cómplices de su alegría, sus cuatro años de edad embargan interiorizar la severidad del diagnóstico de ‘leucosis linfoblástica aguda’, conocida como leucemia.
El segundo motivo es decisor, un paraíso de reparadores de sueños: la seño “Maruja”, jefa de enfermería en la sala; otra más veterana, Albertina, siempre a su cabecera; además de laboratoristas y asistentes, todos bajo la tutela de la profe Sonia Pérez García:
“Fundamos este servicio en 1991, cuando terminamos el adiestramiento en Villa Clara y en el hospital “William Soler”, de la capital habanera, contamos con seis camas, dos cubículos aislados. Desde entonces atendemos las enfermedades hematológicas hereditarias o adquiridas.
“La más común es la ‘leucosis linfoblástica aguda’, y nuestro principal logro es la sobrevida. En el cuarto de aislamiento permanecen los pacientes durante la etapa del primer tratamiento, el más severo, luego se siguen de forma ambulatoria.
“Para nuestra satisfacción llegan a adultos, aquí en el ‘Pediátrico’ nos toca atenderlos hasta los 18 años, pero siguen viniendo, somos una gran familia”
Anabel está a punto de recibir el alta, su mamá Iris Sánchez no se cansa de agradecer y alistar nombres de esos ángeles de la guarda, quienes con el apego han impedido que su hija pierda la fantasía.
Los doctores y el resto del personal son hacedores del pequeño planeta de esta niña, pues en ese aposento apartado, Anabel alterna gestos de infante con juegos y esperanzas, que en su diminuto espacio son flores y estrellas cultoras de su vitalidad mágica, suficientes para ser feliz.
Las enfermedades con larga estadía en salas pueden conllevar trastornos por eso requieren mucho afecto. Artífices del encanto devienen las insustituibles enfermeras, nos lo confirma María Eugenia Santa Cruz Leonar jefa de ese equipo en el departamento:
“Lo más bonito en los niños es que nunca tienen una cara fea, tras cualquier maniobra invasiva son capaces de dar amor, por eso aquí nunca puedes tener apuros, ellos te necesitan siempre, nuestro cuerpo de guardia es permanente en el servicio”
LA FLOR QUE AMAN NO ESTÁ EN PELIGRO:
“Conozco un planeta donde hay un señor color carmesí, jamás ha olido una flor…jamás ha hecho otra cosa que sacar cuentas”
Los trabajadores de hematología sobreponen la voluntad a todas las dificultades:
“Nuestro servicio, junto a Terapia y Quemados son los más caros en todos los hospitales- explica la doctora Sonia. Puedo poner ejemplos, solamente por “leucosis”, se emplean tantos antibióticos, hemoderivados y transfusiones que los importes ascienden los once mil pesos en un mes.
“La mayor satisfacción es la baja tasa de mortalidad, tenemos éxitos en la curación de la enfermedad anteriormente citada, que es la hematológica más común, pues usamos protocolos operativos, en convenios con los países europeos más desarrollados.
¿Qué limitaciones afrontan?
“Entre todas esas naciones somos las únicas víctimas del bloqueo, y aunque tenemos lo fundamental, nos faltan alivios para los niños pacientes de oncología, por ejemplo instrumental sofisticado, como unos catéter por debajo de la piel que evitarían tantos pinchazos”
Pero cada uno de los protagonistas de esta historia tiene dentro un principito o una princesita, que no dejan morir el ensueño, ni la fidelidad a lo que amamos.
Han sabido descifrar el lenguaje universal de la ternura, desandar planetas olvidar espinas y aspirar perfumes, gravitar celajes para ser, ante cada lecho como el de Anabel, un farolero de luz eterna, mediante la comunicación a través del lenguaje que solo el corazón sabe.
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