En la remota aldea inglesa de Yorkshire, allá por el año 1847, tres hermanas provenientes de una familia diezmada por la tuberculosis crearon novelas paradigmáticas y revolucionadoras del imaginario romántico de la época: “Cumbres Borrascosas”, de Emile; “Jane Eyre”, de Charlotte y “Agnes Grey”, de Annie.
Los Brontë inicialmente sumaban ocho, el cabeza de familia era un
párroco irlandés más bien pobre, que se cambió el apellido de Brunty por otro más a tono con la región.
La madre falleció enferma en 1821, dos hijas María y Elízabeth murieron antes de llegar a la adolescencia, un sentimiento de fragilidad de la vida enseguida se apoderó de las tres supervivientes y del único chico, Patrick Branwell,
Las tres hermanas devenidas escritoras, operaron pues, bajo la presión de un paisaje inhóspito. Sus biografías arrancan propiamente en abril de 1820, cuando su padre reverendo toma posesión de la casa parroquial del pueblo de Haworth, en Yorkshire occidental.
Posteriormente a la viudez del señor, la tía Patrice Bronte acudió a la familia, pero la escasez de recursos hizo enviar a la prole huérfana a la escuela benéfica religiosa de Cowan Bridge, de Lancashire, donde supuestamente se preparaban para institutrices.
En 1842, Charlotte y Emily, tras haberse dedicado un tiempo a la enseñanza, se trasladaron a Bruselas con la intención de aprender idiomas, pero Emily regresó pronto a Haworth. En 1846, las tres hermanas publicaron conjuntamente los Poemas de Currer, Ellis y Acton Bell.
Sin embargo, un año después, aparecieron tres títulos que fascinaron a los lectores: Jane Eyre, de Charlotte, Agnes Grey, de Anne, y Cumbres borrascosas, de Emily.
Atravesada por pasiones incontroladas y una atmósfera romántica y sobrecogedora, esta última se ha convertido en un clásico de la novela gótica.
La parte más enigmática de esta confluencia literaria radica en cómo tres hermanas aisladas en una aldea remota de Yorkshire, sin más horizontes que unos ilimitados y desolados páramos, pudieron producir unas novelas que subvirtieron de golpe las apacibles pautas de la narrativa victoriana.
En esa última ficción los textos eran largos y prolijos, con lenguaje intrincado, pero el rasgo predominante era su verosimilitud, su representación cercana a la vida social real de la época, largamente informada por el desarrollo de la emergente clase media y las maneras y expectativas de la misma, en oposición a las clases aristocráticas que dominaban épocas anteriores.
PÁRAMOS Y CONVULSIÓN: GÉNESIS DE UNA CONCURRENCIA
La insalubridades del centro de Cowan Bridge y las pésimas dietas alimenticias coadyuvaron a que se declarase en la escuela una epidemia de tifus. Fue cuando las dos Brontë mayores, Maria y Elizabeth, cogieron el virus, y regresaron a casa, consumidas ya por las fiebres.
Después de enterrar a sus dos hijas mayores, el reverendo Patrick tomó
conciencia de que esa escuela era un lugar peligroso. Así que sacó a
Charlotte y Emily y durante los seis años siguientes los niños no salieron de su
casa , más que para dar cortos paseos por los páramos de los alrededores.
En su cuartito y entre sus papeles encontraron toda la diversión, el soporte y
la amistad que necesitaban.
Tanto Branwell como las niñas tenían libre acceso a todos los libros de la casa
que eran muchísimos, ya que los protestantes propiciaban la educación de las
mujeres. Los periódicos eran otra fuente de información importante.
De todos aquellos libros y diarios se nutrían las mentes de los hermanos
Brontë. Transformaron, en su imaginación, unos soldados de madera en personajes de una serie de historias que escribieron sobre el reino imaginario de “Angria”, propiedad de Charlotte y Branwell y el de “Gondal”, que era el de Emily y Anne.
Se conservan un centenar de cuadernos escritos a mano, iniciados en 1829, de las crónicas de Angria, pero ninguno de la saga de Gondal, iniciados en 1834, a excepción de poemas de Emily.
Eran libritos en miniatura, que escribían con una letra minúscula que sólo puede leerse con lupa. La relación de estos relatos con las novelas que después escribieron sigue siendo de gran interés para los eruditos.
La imaginación y la escritura cumplieron, especialmente en las hermanas, una
verdadera función catártica y de autoanálisis. Crearon pasiones huracanadas y unas indómitas heroínas, retadoras del orden social, por primera vez en la historia inglesa, las mujeres asumieron un papel central. .
Las tres hermanas Bronte murieron también enfermas de tuberculosis y muy jóvenes. La morbosidad y fragilidad de sus vidas confluyeron enigmáticamente en un trío de ases de las letras, que supieron tomar dar a sus vidas un halo primoroso y tornarse en familia novelesca
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