El ser humano posee una cultura eminentemente visual, entrenado durante milenios en la interpretación de imágenes que aparecen en su horizonte perceptual, en la simplificación/estilización de éstas, y la consecuente representación posterior de sesgo metonímico, donde los fenómenos, procesos y sucesos son equiparados a figuraciones casi abstractas, despojadas de significados parásitos que afecten el mensaje preconcebido. Tal aguzamiento del símbolo dio paso al surgimiento de las lenguas escritas en sus diferentes etapas: pictográfica, ideográfica, fonética, donde la especialización conlleva a la abstracción. continua leyendo…



